| 'La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp', del pintor holandés Rembrandt. |
La mayoría preferimos no pensar en lo que sucede con nuestro cuerpo cuando morimos. Pero esa descomposición es el origen inesperado de una nueva vida.
“No va a ser fácil quebrar esto”, dice Holly Williams, de la
funeraria, mientras levanta el brazo de John y dobla con delicadeza los
dedos, el codo y la muñeca. “En general, cuanto más reciente es un
cadáver, mejor se trabaja con él”.
Williams habla en voz baja, con una despreocupación que contrasta con la naturaleza de su labor. Creció en el norte de Texas, en la funeraria familiar donde trabaja, y ha visto y manipulado cadáveres casi a diario desde la infancia. Unos mil cuerpos, calcula a sus 28 años. Su trabajo consiste en recoger cuerpos de personas recién fallecidas en el área de Dallas-Fort Worth y prepararlos para su funeral.
“La mayoría los recogemos en residencias de ancianos”, dice Williams, “pero a veces traemos gente que ha muerto por herida de bala o en un accidente de circulación. Pueden llamarnos para que vayamos a por alguien que murió en soledad hace días o semanas, alguien que ya ha empezado a descomponerse, lo que dificulta el trabajo”.
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Williams habla en voz baja, con una despreocupación que contrasta con la naturaleza de su labor. Creció en el norte de Texas, en la funeraria familiar donde trabaja, y ha visto y manipulado cadáveres casi a diario desde la infancia. Unos mil cuerpos, calcula a sus 28 años. Su trabajo consiste en recoger cuerpos de personas recién fallecidas en el área de Dallas-Fort Worth y prepararlos para su funeral.
“La mayoría los recogemos en residencias de ancianos”, dice Williams, “pero a veces traemos gente que ha muerto por herida de bala o en un accidente de circulación. Pueden llamarnos para que vayamos a por alguien que murió en soledad hace días o semanas, alguien que ya ha empezado a descomponerse, lo que dificulta el trabajo”.
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