¿El mismo día con 10 días de diferencia?
Cervantes y Shakespeare
El calendario romano estaba compuesto por doce meses y 365 días, pero
la traslación de la Tierra alrededor del Sol duraba un poco más (365,25
días). Este desfase había producido un retraso de 90 días, por lo que
las estaciones –muy importantes para las cosechas– bailaban. Julio César
trajo al sabio
Sosígenes de su retiro en Alejandría en el 44 a.C. para desfacer el entuerto. Se solucionó añadiendo un día (
bis sextus,
bisiesto) cada cuatro años y se quitó un día a febrero. En honor a
Julio César, se cambio el nombre del primer mes de verano,
Quintilis, por el de
Julius. Cuando Augusto se proclamó emperador, para no ser menos, cambio del nombre del mes
Sextilis por el de
Augustus y se quitó otro día a febrero, y sin nadie que diese la cara por él, quedó en 28. El nuevo calendario pasó a llamarse
Juliano.
Este calendario funcionó correctamente hasta que en 1582 se descubrió que las apreciaciones de Sosígenes
también estaban un poco desfasadas; no eran 365,25 días sino 365,2422
días el periodo de traslación. Era poco, pero al cabo de los siglos los
desfases se habrían notado. Así que, el Papa Gregorio XIII organizó una comisión de sabios. Los medidas adoptadas por esta comisión, y aprobadas en la bula Inter Gravissimas, fueron dos:
1.- Serán bisiestos todos los años múltiplos de 4,
excepto los terminados en 00 cuyas primeras cifras no sean múltiplos de
4. Lo fueron 1600 y 2000, no lo fueron 1700, 1800, 1900. Caso curioso es
4000 que, siendo múltiplo de 4, la comisión determinó que no fuese
bisiesto (¿?). Este último dato, personalmente, no me importa mucho.
2.- Saltar diez días en el calendario. Se pasó del jueves 4 de
octubre al viernes 15 de octubre. En el transcurso de la Historia se
perdieron estos 10 días.
Este calendario, llamado
Gregoriano, está vigente a
fecha de hoy y fue adoptado poco a poco por todos los países; primero
los países católicos, en 1700 los luteranos (con 11 días de retraso
respecto al nuevo calendario), en 1752 los ingleses… y los últimos, los
griegos en 1927 (con 13 días de retraso). Esta disparidad de criterios
dio lugar a que
Cervantes y Shakespeare muriesen el mismo día
-23 de abril de 1616- pero con 10 días de diferencia… los ingleses se
regían por el calendario Juliano y los españoles por el Gregoriano. Así
que, cuando murió Shakespeare en España el calendario marcaba el 3 de
mayo. También se dieron otras circunstancias anómalas, como que
los fallecidos el 4 de octubre no fuesen enterrados hasta el 15 de
octubre -los diez días que se perdieron en la historia- o que
un mes de febrero tuviese 30 días en Suecia.
La ingeniosa idea de Suecia para arreglar el error, y no tener que
suprimir los diez días de golpe, fue adaptarse gradualmente: partiendo
de 1700, y suprimiendo el día extra de los próximos 11 años bisiestos,
calcularon que en 1740 ya estaría equiparados con el nuevo calendario.
Cuando comenzaron a aplicar esta brillante medida, en 1700, se dieron
cuenta de que en aquel momento estaban desfasados en un día con los que
siguieron con el Juliano y diez con los que ya aplicaban el Gregoriano,
con los consiguientes problemas en cualquier acuerdo comercial o
político de ámbito internacional. Así que, en 1712, decidieron desfacer
el entuerto y volver al Juliano… el día que había quitado en 1700 -en
1704 y 1708 ya no se quitaron-, lo volvieron a poner en 1712, también
bisiesto, por lo que el mes de febrero de 1712 en Suecia tuvo 30 días.
Así volvieron al Juliano, hasta que en 1753 se adaptaron al Gregoriano
quitando 11 días.
Fuente: Historias de la Historia