Los elogios más entusiastas que el Papa ha recibido en Kenia han sido los del jefe de las organizaciones y comunidades musulmanas, que suman el treinta por ciento de la población de un hermoso país de cuarente millones de habitantes.
Durante
el encuentro de hoy con los líderes de todas las religiones –desde los
judíos y animistas hasta los musulmanes y cristianos-, el profesor
Abdulghafur El-Busaidy, presidente del Consejo Supremo de Musulmanes de
Kenia (SUPKEM), le dio la bienvenida como «un revolucionario hombre de
Dios, excepcionalmente dedicado a servir a la humanidad».
En un discurso de extraordinaria convergencia con el pensamiento global del Papa, el líder islámico de Kenia elogió especialmente su encíclica ecológica «Laudato Si» sobre el cuidado de «la casa común», nuestro planeta.
Le informó también de que, justo en la línea propuesta por la
encíclica, el consejo de las organizaciones musulmanas de Kenia –que
incluye las mezquitas, escuelas, madrasas, etc.-, “ha unido sus manos
con la Iglesia católica, otras denominaciones cristianas y otras
religiones de Kenia para formar el Kenya Interfaith Network of Action on
Environment (KINAE), dedicado a promover la paz, la cohesión y la
coexistencia a través del cuidado del medio ambiente”.
De hecho,
es precisamente el Consejo Supremo de Musulmanes de Kenia (SUPKEM), que
preside él mismo, quien lleva en estos momentos la secretaria general de
esta iniciativa doblemente interesante en un país que necesita cuidar
como un tesoro tanto su armonía interreligiosa como la increíble belleza
natural y riqueza de su fauna que la han convertido en una potencia
turística.
Ha sido precisamente la violencia terrorista de los yihadistas somalíes de al-Shabab, la que ha echado a perder el principal ingreso del país, sobre
todo a raíz de los ataques contra hoteles y centros comerciales de
Nairobi, que hicieron caer en picado el turismo occidental.
Descalificando
la justificación de la violencia en nombre del Islam, el profesor
El-Busaidy afirmó ante el Papa y los líderes de todas las grandes
religiones de Kenia que «como Pueblo del Dios Único, debemos trabajar juntos, unidos de la mano,
en todas las cosas esenciales para nuestro progreso colectivo como una
humanidad y un mundo, sin que importen las diferencias de cultura,
idioma, raza, status social, política, etc. ¡Somos todos ciudadanos del
mismo mundo!».
El Papa tenía aspecto muy cansado, pero le escuchaba con gran satisfacción, y en su discurso posterior subrayó la necesidad de «reforzar los lazos de amistad que ya existen entre nosotros», precisamente porque la violencia de los fanáticos intenta romper esa armonía.
Francisco
insistió en que «el Dios al que intentamos servir es un Dios de paz. Y
su santo Nombre no debe ser usado nunca para justificar el odio y la
violencia».
Por eso condenó «los bárbaros ataques en el Westgate
Mall, la Universidad de Garissa o en Mandera. Demasiadas veces se
convierte a los jóvenes en extremistas en nombre de la religión para
sembrar la discordia y el terror, desgarrando el tejido de la sociedad».
Precisamente por eso, los líderes religiosos «debemos ser conocidos como profetas de paz y creadores de paz, que invitan a los demás a vivir en paz, armonía y respeto recíproco».
Pasando
a la plegaria incluso por los asesinos, Francisco suplicó «que el
Omnipotente toque los corazones de quienes perpetraron esas violencias y
conceda su paz a nuestras familias y nuestras comunidades».
El
ataque al centro comercial Westgate en el 2013 se saldó con 69 muertos y
175 heridos, mientras que el asalto a la Universidad de Garissa trajo
consigo el asesinato a sangre fría de 147 estudiantes cristianos después
de ir preguntando su religión a cada uno de los rehenes.
A su
vez, los repetidos ataques terroristas en Mandera, menos conocidos en
Occidente, suman más de 130 muertos, pero por desgracia no son los
únicos en un país que sufre ya desde el 2011 la escalada del tipo de
violencia que ahora ha llegado a París.
Aparte de la ambición
fanática de cada jefe de estos grupos de asesinos, el objetivo político
de los yihadistas, según comento en su discurso el arzobispo anglicano
de Kenia, Eliud Wabukala, es romper «la convivencia pacífica y la
integración entre religiones y comunidades en Kenia».
En
definitiva, poner en marcha un proceso de autodestrucción del país
mediante guerra entre religiones como el iniciado en muchos otros
lugares, desde Nigeria a la República Centroafricana, que el Papa
visitara el próximo domingo.
El programa del Papa en Nairobi a lo
largo del jueves incluye una misa a cielo abierto en el Uhuru Park,
donde se han reunido ya cientos de miles de personas a pesar de la
intensa lluvia.
Por la tarde visitará la sede de dos organismos de Naciones Unidas,
el de Medio Ambiente y el de Hábitat, para hablar de nuevo sobre la
urgencia de proteger con más decisión tanto el planeta común como las
personas individuales.
Fuente: ABC.es
