sábado, 24 de octubre de 2015

¿El cura se quiere casar... y tú?

La pregunta por el matrimonio de los sacerdotes tiene muchas aristas y también, muchas trampas. Es más difícil entender de dónde sale psicológicamente la duda por el celibato, que la verdad de autorizar la vida matrimonial de los curas.
 
Las tramposas lógicas racionales y ausentes de fe, que atrapan a quienes ponen el matrimonio como solución al supuesto “problema” del sacerdote, generalmente tienen un tinte de paradoja y humor, y a veces aparecen como ingenuas y hasta mal intencionadas.   Con todo respeto para quienes se preocupan por la vida del sacerdote… ¡no crean que las crisis de la Iglesia, o de algunos miembros del clero, se solucionan en la alcoba matrimonial!
 
Que el cura se case no es un problema. En realidad, la cuestión sería: qué se espera en la Iglesia de un hombre que ejerce el ministerio del sacerdocio.
 
Si se autorizase hoy el matrimonio de los sacerdotes, ¿inmediatamente tendrían que salir de las parroquias y los seminarios a buscar alguna novia? ¿Una dulce compañía femenina, para servir mejor a Jesús? A pesar de la humorada surrealista, para tomar una decisión milenaria, se podrían -por lo menos- tomar con humor algunos hechos que podrían suscitarse…
 
¿Las mujeres sentirán el mismo deseo por esos hombres que antes fueron prohibidos y luego fueron liberados? ¿Que pasaría con un sacerdote que después de 10 años de casado, se da cuenta que esa mujer ya no llena su vida? ¿Separarse? Como pasa en algunas comunidades de Iglesias autónomas, los pastores se separan y -de repente- surgen dos líneas nuevas de religión. Entonces… ¿la Iglesia no debería tomarse un tiempo prudencial para pensar en el divorcio o la nulidad matrimonial para sacerdotes?


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